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Clara Campoamor, Antonio Machado, Elvira Lindo y Jacinto Benavente son algunos de los tantos autores que han estudiado entre las paredes de los Institutos Históricos de la capital, auténticos tesoros que albergan gabinetes, murales y aulas con siglos de vida

Los institutos históricos de Madrid guardan auténticos tesoros y muchas décadas de vida, más allá de las historias que hay resguardadas entre las páginas de múltiples libros en sus estantes. Tanto es así, que una de las bibliotecas pertenecientes a la red de Institutos Históricos de Madrid ha recibido el Premio Liber 2022 por el fomento a la lectura: se trata de la biblioteca histórica del Instituto de Enseñanza Secundaria Isabel La Católica, en el Cerrillo de San Blas.

La red de Institutos Históricos de Madrid se encuentra por las bibliotecas destacables por antigüedad, su patrimonio cultural y científico, su legado bibliográfico y por las personalidades que en ellos han estudiado o impartido clase. Hablamos de los institutos de San Isidro, Cardenal Cisneros, Cervantes, Lope de Vega, Isabel la Católica y Ramiro de Maeztu.

Instituto de Cardenal Cisneros

“Caminante, no hay camino”: así lo dictaba Machado, uno de los ilustres estudiantes de las aulas de dicho centro. El Gabinete es casi tan antiguo como el instituto: fundado en 1848 a partir de una donación del Museo Nacional de Ciencias Naturales, bajo el liderazgo del catedrático Manuel M. J. de Galdo López de Neira, el espacio es una preciosa línea cronológica de la enseñanza de las ciencias naturales.

El laboratorio llegaría en 1920, impulsado por los vientos de renovación pedagógica que soplaban en la Europa de entreguerras, que llevaron a la instalación de laboratorios junto a las aulas. En las tres salas del Gabinete de Historia Natural se pueden apreciar objetos realmente curiosos y de gran valor dentro de la enseñanza de las distintas disciplinas: zoología, biología, geología, agricultura, botánica, paleontología y prehistoria.

En cuanto al centro que lo alberga, el Instituto del Noviciado, hoy Cardenal Cisneros, se creó en 1837 vinculado a la Universidad, adquirió plena autonomía a partir de la Ley Moyano de 1857. El Instituto no llegó entonces a constituir una entidad independiente, sino que era una parte de la propia Universidad Central en sus inicios. Sus profesores se encargaban de las clases de Segunda Enseñanza Elemental, y los catedráticos de la Universidad impartían la Segunda Enseñanza de Ampliación, que comprendía los estudios propios de la Licenciatura. 

Durante el siglo XIX y la primera parte del XX, muy pocas mujeres accedían a los institutos, y por otra parte, el Instituto Cardenal Cisneros fue masculino en los años del franquismo, convirtiéndose en mixto a partir del curso 1983. A pesar de ello, también existen mujeres ilustres que pasaron por sus aulas, como María Goyri Goyri, María Matilde Moliner, Victoria Kent y Clara Campoamor. Otras personalidades masculinas que pasaron por sus aulas fueron Eduardo Dato, Francisco Silvela, Manuel Azaña, Alejandro Lerroux, Joaquín Ruiz Giménez, Tierno Galván, Gutiérrez Mellado, Jacinto Benavente, Antonio y Manuel Machado, entre otros.

El edificio proviene de un proyecto arquitectónico de Francisco Jareño y Alarcón, y la decisión de construirlo fue tomada en 1877 por el Conde de Toreno, Ministro de Fomento y antiguo alumno del instituto. Hoy, el político da nombre a una placita al lado del centro.

La biblioteca del Cardenal Cisneros es destacable, con alrededor de 30.000 ejemplares. Entre ellos, en torno a 11.000 pertenecen al periodo entre 1400-1936. Los fondos cuentan con 29 ejemplares del siglo XVI, 40 del siglo XVII, 600 libros del siglo XVIII y más de 9.000 entre 1800 y 1936. La Biblioteca del Fondo Antiguo de este instituto tiene como objetivo la conservación del Patrimonio Bibliográfico de la institución, creada en 1837, con más de 10.000 títulos editados entre 1500 y 1936, cuya consulta deberá realizarse con 48 horas de antelación por medio de la consulta solicitada al director del centro.